21 de diciembre de 2009

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La posesión en nombre propio y en nombre ajeno: el servidor de la posesión

Decíamos en otro post que la figura jurídica de la posesión está regulada en el Libro II, Título V del Código Civil, dedicando los artículos 430 a 466. Dentro de las distintas clases de posesiones que vienen reguladas en el CC, el artículo 431 presta especial atención a la denominada posesión en nombre propio y ajeno. La diferencia con otros tipos de posesiones es la persona que ejercita los actos, y si lo hace en su nombre o en nombre ajeno. Si es en nombre ajeno lo puede hacer a través de representantes, y si es el caso los actos de éste repercuten al poseedor en nombre propio. Los poseedores en nombre ajeno tienen tal consideración por tener determinadas medidas de protección de la posesión contra terceros (interdictos en la terminología usada por la antigua Ley de Enjuiciamiento Civil), y esto no le afecta al poseedor en nombre propio.

Veamos la redacción literal del citado artículo 431 del CC: “La posesión se ejerce en las cosas o en los derechos por la misma persona que los tiene y los disfruta, o por otra en su nombre.”

La ratio legis de este precepto no radica en determinar a quién corresponde la titularidad de la posesión, sino que se encuentra referido exclusivamente a su ejercicio. De esta forma, se puede ejercer la posesión, mediante la realización de los correspondientes actos posesorios por aquél a quien le corresponde (posesión en nombre propio) o por cualquier otra persona en su nombre (posesión en nombre ajeno).

La doctrina tradicional imperante en los albores del Siglo XX, consideraba que el ejercicio de la posesión en nombre ajeno se producía en aquellos supuestos en los que la detentación efectiva de la cosa era realizada por personas que, en virtud de cualquier vínculo u obligación respecto del verdadero poseedor, se encontraban en una situación de dependencia respecto a éste. Así serían los cargos de administrador, comodatario o mandatario, cuyos actos posesorios sobre la cosa no encontrarían más fundamento que la propia relación preexistente entre el verdadero poseedor y ellos mismos. En este sentido, éstos últimos realizarían siempre los actos posesorios para los que estuvieran autorizados por otro en nombre ajeno, sin que pudieran atribuirse ius possidendi alguno.

Siguiendo esta exposición, resulta obvio que semejantes planteamientos generan un problema de concordancia normativa. Los que habrían de considerarse detentadores en nombre ajeno, a tenor de lo dispuesto en el artículo 431 del CC, podrían también ser integrados dentro de los poseedores no titulares contemplados en la última proposición del artículo 432 del CC: “en concepto de tenedor de la cosa o derecho para conservarlos o disfrutarlos”.

Ante la posible redundancia del citado artículo 431, se ha pretendido doctrinalmente subrayar su eventual importancia acudiendo a diversas vías. Por una parte, los profesores Pérez González y Alguer consideraron oportuno importar al acervo de la doctrina civilista española la figura germánica del denominado “servidor de la posesión” (traducción literal de la expresión alemana Besitzdiener). Tesis que ha sido plenamente aceptada por la mayoría de los sectores doctrinales. Por otra parte, el profesor García Valdecasas ha venido defendiendo que el artículo 431 del CC representa el sustrato normativo idóneo para desplegar la distinción entre posesión mediata e inmediata (que desarrollaremos en otro post).

La apología o defensa de la primera teoría ha dado lugar al nacimiento de una cierta problemática posesoria. Entendían Pérez González y J. Alguer que el artículo 431 del CC podía explicarse recurriendo a la figura del servidor de la posesión contemplada en el parágrafo 855 del BGB.

El tenor literal de este precepto dispuesto en el Código Civil Alemán o Bürgerliches Gesetzbuch es el siguiente: “Besitzdiener.- Übt jemand die tatsächliche Gewalt über eine Sache für einen anderen in dessen Haushalt oder Erwerbsgeschäft oder in einem ähnlichen Verhältnis aus, vermöge dessen er den sich auf die Sache beziehenden Weisungen des anderen Folge zu leisten hat, so ist nur der andere Besitzer.”

Pues bien, según este precepto sería Besitzdiener el detentador de una cosa que ocupa tal posición a consecuencia de una relación de servicio con el verdadero poseedor (v.gr. el trabajador en relación con su patrono o empresa…). En cuanto mero detentador, el servidor de la posesión no podría configurarse como un verdadero poseedor, sino como un tenedor cuya relación posesoria con la cosa no encuentra más fundamento que la relación de servicio o dependencia con el verdadero poseedor.

A mayor abundamiento, defendían estos autores que la figura del servidor de la posesión se encontraba admitida de forma implícita por el artículo 1651 de la Ley de Enjuiciamiento Civil de 1881, en sede de la regulación procesal del interdicto de retener o recobrar la posesión. Dice este precepto que: “El interdicto de retener o recobrar, procederá cuando el que se halle en la posesión o en la tenencia de una cosa haya sido perturbado en ella por actos que manifiesten la intención de inquietarle o despojarle, o cuando haya sido ya despojado de dicha posesión o tenencia.”

Sin embargo, otros autores aceptando la línea básica de la tesis supra reseñada consideran más adecuado recurrir a lo dispuesto en la parte final del siguiente artículo de la LEC de 1881, cuando al referirse a los actos de despojo posesorio habla de la necesidad de manifestar en la demanda interdictal “Que ha sido inquietado o perturbado en ella, o tiene fundados motivos para creer que lo será; o que ha sido despojado de dicha posesión o tenencia; expresando con toda claridad y precisión los actos exteriores en que consistan la perturbación, el conato de perpetrarla o el despojo, y manifestando si los ejecutó la persona contra quién se dirige la acción, u otra por orden de ésta.” (vid. artículo 1652.2.º).

Esta explicación no ha contado con el beneplácito de la doctrina generalizada, dada la sinrazón que supone explicar una norma codificada con anterioridad en base a lo establecido en un Código posterior (BGB), cuyos patrones básicos no son coincidentes con los Códigos latinos. Por tanto, en este sentido cabe concluir que esta tesis expuesta por Pérez González y J. Alguer podría haber llevado un exceso interpretativo de muy discutible fundamento. Por ello, la doctrina posterior ha insistido de forma particular en el rechazo de la importación de la figura del Besitzdiener. En particular el honorable A. Hernádez Gil ha ofrecido una verdadera batería de argumentos en contra.

A pesar de ello, parece innegable que la idea germánica del servidor de la posesión y la posesión en nombre ajeno contemplada en el artículo 431 del CC tiene un sustrato común. Se trata de determinar el status jurídico de la persona que, sin ser propiamente poseedor, detenta el contacto físico con la cosa y, en particular, dilucidar si el poseedor en nombre ajeno tiene legitimación activa para ejercitar los interdictos (procedimientos para la tutela sumaria de la posesión en terminología procesal dispuesta en la Ley de Enjuiciamiento Civil 1/2000) y para actuar defensivamente contra cualquier acto de perturbación o despojo.

En la inmensa mayoría de los casos, la detentación material de la cosa en nombre ajeno encontrará su soporte causal en una relación contractual entre el poseedor en nombre propio y el poseedor en nombre ajeno (depósito, administración, arrendamiento…). Sin embargo, dicha cobertura contractual no puede elevarse a presupuesto determinante de la posesión en nombre ajeno, pues cabe también que la situación posesoria comentada no provenga de un verdadero acto de autonomía privada, sino que nazca a consecuencia de disposiciones legales (v.gr. depósito necesario) o de la realización de actos típicos de la gestión de negocios ajenos sin mandato. En otros posteos desarrollaremos esta y otras cuestiones.

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