11 de noviembre de 2008

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Las obligaciones mancomunadas y solidarias





Resumen: A título meramente recordatorio comentar que las obligaciones consisten en el cumplimiento de una prestación de dar o de hacer o no hacer, según el artículo 1088 del Código Civil. En una relación obligatoria nos encontraremos siempre con dos partes. Un sujeto activo titular del derecho a exigir (acreedor) y un sujeto pasivo o titular del deber de soportar el cumplimiento de la obligación (deudor).

Esta es la estructura típica de una relación obligatoria. Sin embargo, en la dinámica de las obligaciones constituidas cotidianamente pueden aparecer varias personas, tanto en la posición del acreedor como en la posición del deudor. La existencia de una pluralidad de personas plantea el problema fundamental de conocer quién de ellas es la obligada para cumplir la prestación.

La distinta naturaleza de las prestaciones obliga al legislador a establecer una serie de reglas no siempre idénticas, que regulen en la práctica las diferentes obligaciones existentes.

Un claro ejemplo de estas obligaciones pluripersonales lo podemos encontrar en el contenido del artículo 1137 del Código Civil cuando señala que:

“La concurrencia de dos o más acreedores o de dos o mas deudores en una sola obligación no implica que cada uno de aquéllos tenga derecho a pedir, ni cada uno de éstos deba prestar íntegramente, las cosas objeto de la misma. Solo habrá lugar a esto cuando la obligación expresamente lo determine, constituyéndose con el carácter de solidaria

El cumplimiento de estas obligaciones plurales da lugar al nacimiento de las denominadas obligaciones mancomunadas y obligaciones solidarias, que son el objeto de este artículo.

I.- Las obligaciones mancomunadas y las obligaciones solidarias. La regla general de la mancomunidad.

Como hemos señalado con anterioridad la situación normal es que en las obligaciones exista un acreedor o sujeto activo y un deudor o sujeto pasivo. Sin embargo, en determinadas ocasiones existen en las relaciones obligatorias una pluralidad de personas. De esta forma, puede existir una relación obligatoria con distintos acreedores o con distintos deudores.

Cuando nos encontramos ante una obligación pluripersonal surge el problema o la cuestión fundamental de resolver quién o quienes son los titulares del derecho de crédito o quién o quienes son los responsables del cumplimiento de la obligación.

En el caso de las denominadas obligaciones mancomunadas ninguno de los deudores está obligado a pagar la totalidad de la deuda sino una parte proporcional al número de ellos. Si concurre tal circunstancia en la parte acreedora o si se trata de una obligación pluripersonal mixta ocurrirá lo mismo.

En el supuesto de las obligaciones solidarias ocurre exactamente lo contrario. Cada deudor deberá aportar la deuda por completo, en su conjunto. No obstante, el pago se realizara de una sola vez y cada uno de ellos podrá efectuar el pago completo al acreedor, sin perjuicio del derecho de repetición que asiste a cada uno de las restantes personas.

El artículo 1138 del Código Civil parece que se inclina por la opción de la mancomunidad, cuando el citado precepto señala que:

Si del texto de las obligaciones al que se refiere el articulo anterior no resulta otra cosa, el crédito o la deuda se presumirán divididos en tantas partes iguales como acreedores o deudores haya, reputándose créditos o deudas distintos unos de otros

De esta forma el legislador, de forma previsora, sienta el principio general o la regla subsidiaria de la mancomunidad, es decir, de la igualdad de partes, ante aquellos supuestos en que no pueda probarse la cuota de participación de las personas implicadas en cualquier relación obligatoria, de forma análoga con la regla establecida por el Código Civil en materia de comunidad de bienes o cotitularidad de derechos.

Así pues, el carácter solidario de las obligaciones no se presume, sino que requiere de un acto expreso, bien mediante la voluntad de las partes, bien de la previsión de una norma legal o bien mediante la declaración realizada en una sentencia judicial firme.

II.- Las obligaciones mancomunadas o créditos divididos

Nos encontramos ante una obligación mancomunada cuando uno de los acreedores sólo puede reclamar del deudor la parte que corresponde del crédito (llamada mancomunidad activa) o bien, cuando cada uno de los diversos deudores sólo está obligado a cumplir la parte de la deuda que le corresponda (llamada mancomunidad pasiva).

De esta forma la idea de la mancomunidad trae la idea de una fragmentación absoluta del crédito o de la deuda, en dependencia directa del número de acreedores o deudores. Esta idea exige una fractura del concepto de mano común o mancomunidad, pues como vemos, ésta no supone la actuación conjunta de los interesados, sino todo lo contrario, la actuación separada de cada uno de los acreedores o deudores. Por ello, parte de la doctrina civilista hace hincapié en la necesidad de formular un cambio semántico del adjetivo mancomunado, por otros como obligaciones o créditos parciarios.

Reiteramos la idea expresada en el Código Civil de la prevalencia de la mancomunidad expresada en su artículo 1138 que reproducimos de nuevo:

el crédito o la deuda se presumirán divididos en tantas partes iguales como acreedores o deudores haya, reputándose créditos o deudas distintos unos de otros

En la práctica judicial suele ocurrir a menudo la aparición de enormes problemas en los créditos mancomunados. Por ejemplo, pensemos en la existencia de una deuda mancomunada e indivisible. El artículo 1139 del Código Civil establece que:

“Si la división fuere imposible, solo perjudicaran al derecho de los acreedores los actos colectivos de éstos, y solo podrá hacerse efectiva la deuda procediendo contra todos los deudores (…)”

A mi juicio, a pesar de lo preceptuado en el artículo anterior, la idea que debe prevalecer es la de la mancomunidad, tal como establece el el art. 1150 del mismo texto legal:

La obligación indivisible mancomunada se resuelve en indemnizar daños y perjuicios desde cualquiera de los deudores falta a su compromiso.(…)”

En el caso de un crédito mancomunado, si uno de los deudores resultare insolvente, la solución nos la ofrece el artículo 1139. párrafo 2.º del Código Civil, cuando afirma que ningún deudor mancomunado está obligado a asumir la cuota de los restantes. El deudor insolvente quedará obligado al cumplimiento de la obligación de pago, tal como establece el artículo 1911 del mismo cuerpo legal:

Artículo 1911 “Del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros. “

III.- Las obligaciones solidarias

a) Concepto

La solidaridad puede darse tanto desde el lado de los acreedores como del lado de los deudores. En el primer caso, cualquiera de los acreedores podrá reclamar del deudor o deudores la íntegra prestación objeto de la obligación (solidaridad activa). En el segundo supuesto, todos y cada unos de los deudores quedan obligados a cumplir íntegramente la prestación cuando el acreedor o acreedores le obligue a ello (solidaridad pasiva).

Asimismo, puede darse el supuesto, poco frecuente en la práctica, de varios acreedores y de varios deudores. En este caso se suele hablar de obligaciones solidarias mixtas.

En las obligaciones solidarias el cumplimiento de la obligación extingue la misma – vid. artículo 1145.1 del CC-. Sin embargo, la extinción de la obligación no comporta, necesariamente, el agotamiento de las consecuencias jurídicas de estas obligaciones, ya que el cumplimiento de estas obligaciones se complementa con el consiguiente reparto interno entre la pluralidad de sujetos obrante en la obligación. Este derecho de repetición o reclamación contra los restantes interesados, se produce tanto en las obligaciones solidarias activas como en las pasivas.

Para fundamentar estas obligaciones se han propuestos tres tesis, ninguna de las cuales es absolutamente satisfactoria.

  1. Afianzamiento mutuo.- su nombre viene dado en relación con el que se prestan entre los diferentes codeudores o coacreedores. Es el caso en el que aparece un fiador en la relación obligatoria, alguien que no debe nada pero que aun no siendo deudor paga en caso de no hacerlo el deudor, dirigiéndose el fiador después a los respectivos codeudores para que abonen lo que el desembolso en su momento, se convierte en nuevo acreedor.
  2. Mandato tácito.-se refiere al hecho de que se sobreentiende que en la solidaridad cualquiera de ellos está obligado a cobrar/pagar en nombre de todos.
  3. Fundamento de la responsabilidad.- En una obligación solidaria, aunque existen 3 deudores, siempre existirá una deuda pero no dejan de ser tres los responsables de esa única deuda. Cada uno de los deudores no debe el todo pero responde por el todo, así pues se le puede reclamar a cualquiera de ellos éste. Igual ocurre en la parte contraria ninguno de los acreedores lo es por la totalidad del crédito, sin embargo cualquiera puede requerir el pago de toda la deuda.

b) La solidaridad activa

Dispone el artículo 1143.2 del Código Civil que:

“el que cobre la deuda, responderá a los demás de la parte que les corresponde en la obligación.”

En el supuesto que uno de los acreedores haya visto satisfecho su derecho, resulta evidente que, al tratarse de un crédito solidario, debe hacer participe a los restantes acreedores de dicho cobro, pues en otro caso, éstos verían burlados sus legítimos intereses.

Es decir, que lo corresponde a los demás acreedores en la relación obligatoria es una parte del crédito que, sin embargo, por obra de la solidaridad, ha sido cobrado íntegramente por uno de ellos.

El acreedor que ha cobrado la deuda debe reembolsar a los demás, a cada uno de os demás acreedores, la cuota o parte del crédito que les corresponda. Obviamente, la regla de igualdad prevista en el artículo 1138 del CC es una regla supletoria, que decae ante la voluntad de los coacreedores.

Para hacer efectivo el cobro de la cuota que le corresponde a los restante coacreedores, la ley les concede el llamado “derecho de regreso” contra el acreedor que haya cobrado la deuda y habrán de hacerlo, al margen de mecanismos representativos, cada uno en su propio nombre y por la cuota que le corresponda.

De todo lo dicho, se deduce que el crédito solidario pierde tal carácter en cuanto se extingue la obligación, pues las relaciones internas entre los coacreedores se encuentran en las reglas de la mancomunidad.

Por otra parte, la responsabilidad por reembolso del acreedor solidario que ha cobrado la deuda se mantiene en el caso de que la extinción de la obligación tenga lugar por compensación, confusión o remisión de la deuda, tal como prevé el artículo 1413.1 del CC:

“La novación, compensación, confusión o remisión de la deuda, hechas por cualquiera de los deudores de la misma clase, extinguen la obligación, sin perjuicio de lo dispuesto en el articulo 1146.

El acreedor que haya ejecutado cualquiera de estos actos, así como el que cobre la deuda, responderá a los demás de la parte que les corresponde en la obligación.”

Ejemplarizaremos todo lo expuesto:

El caso es el siguiente. A, B y C son los acreedores por 600 de X, Y y Z que son deudores de la misma cantidad. A su vez, Z es acreedor de C por 600 también; y por ello compensan sus respectivas deudas, de lo que se genera que internamente C y Z tendrán que rendir cuentas a sus anteriormente respectivos coacreedores y codeudores, y decimos “anteriormente” porque la deuda ya ha sido compensada y, no existe como tal, lo que surgen ahora son deudas internas entre ellos.

c) La solidaridad pasiva

En el caso de una pluralidad de deudores, es igualmente evidente que el cumplimiento íntegro de la obligación por parte de cualquiera de ellos implica la extinción de la relación obligatoria frente al acreedor o a los acreedores, pues una vez satisfechos los intereses de éstos es obvio que la eventual re­clamación a cualquiera de los restantes deudores se encontraría privada de causa y fundamento.

De ahí que el artículo 1.145.1 sea terminante al respecto:

El pago hecho por uno de los deudores solidarios extingue la obligación”

Ahora bien, mientras el cumplimiento de la prestación no haya tenido lugar, el acreedor sigue facultado para reclamar el pago a cualquiera de los deudores, tal como se expresa el artículo 1444 del CC:

“El acreedor puede dirigirse contra cualquiera de los deudores solidarios o contra todos ellos simultáneamente. Las reclamaciones entabladas contra uno no serán obstáculo para las que posteriormente se dirijan contra los demás, mientras no resulte cobrada la deuda por completo.”

De esta forma mientras el crédito no haya sido pagado, el acreedor cuenta con un amplio campo de acción. Como regla general, puede reclamar el pago, a cualquiera de los deudores solidarios, o a varios de ellos sucesivamente o a todos ellos de forma simultánea, con dos excepciones:

  • · El articulo 1140.- “La solidaridad podrá existir aunque los acreedores y deudores no estén ligados del propio modo y por unos mismos plazos y condiciones”.
  • · El artículo 1142.- “El deudor puede pagar la deuda a cualquiera de los acreedores solidarios; pero, si hubiere sido judicialmente demandado por alguno, a éste deberá hacer el pago”. Si existieren varias reclamaciones en curso, judiciales o extrajudiciales, y una de ellas resulta fructífera, resulta evidente que todas las demás reclamaciones carecen de fundamento por extinción de la obligación y, por tanto, el acreedor, no podrá aceptar un nuevo pago, so pena de incurrir en un cobro indebido.

d) La acción de regreso

La extinción de la obligación solidaria por pago no extingue, internamente, la obligación ya que el solvens o codeudor que ha pagado, tiene derecho a que los restantes deudores solidarios le satisfagan su parte.

Este derecho de reembolso o acción de regreso se establece en el artículo 1145.2 del CC:

“El que hizo el pago sólo puede reclamar de sus codeudores la parte que a cada uno corresponda, con los intereses del anticipo.”

Ello significa que una vez satisfecho el interés del acreedor, la obligación solidaria se convierte en mancomunada o dividida.

Para el caso que uno de los codeudores fuere insolvente, los demás codeudores solidarios habrán de soportar, a prorrata, la cuota o parte del codeudor insolvente, tal como dispone el artículo 1145.3 del CC:

“La falta de cumplimiento de la obligación por insolvencia del deudor solidario será suplida por sus codeudores, a prorrata de la deuda de cada uno.”

IV.- Conclusión

Como hemos tenido ocasión de analizar con anterioridad, el Código Civil sienta la regla general de la mancomunidad, tal como se desprende del artículo 1137: “La concurrencia de dos o más acreedores o de dos o más deudores en una sola obligación no implica que cada uno de aquellos tenga derecho a pedir, ni cada uno de éstos deba prestar íntegramente, las cosas objeto de la misma. Sólo habrá lugar a esto cuando la obligación expresamente lo determine, constituyéndose con el carácter de solidaria.”

Se ha discutido si la interpretación de dicho precepto puede llegar a establecer una presunción legal iuris tantum de mancomunidad o, si por el contrario, se trata directamente de establecer un principio de mancomunidad que, excepcionalmente, quiebra en los casos de solidaridad “cuando la obligación expresamente lo determine, reza el citado precepto. La doctrina y la Jurisprudencia se pronuncian a favor de la tesis de la existencia de una presunción.

Desde este punto de vista, la Jurisprudencia, en concordancia con la realidad cotidiana, interpreta de forma laxa el término “expresamente”. Digo en concordancia con la realidad cotidiana, pues en la mayor parte de las relaciones jurídicas existentes, las reglas de la mancomunidad son una excepción, tal vez limitada a los supuestos de cotitularidad en las cuentas bancarias y a algún otro caso. Esto es así, fundamentalmente, por la escasa satisfacción de los acreedores por las reglas de la mancomunidad, que, en última instancia, para poder hacer efectivo su derecho, habrá de instar reclamaciones cuantos deudores haya.

Este debilitamiento de las reglas de la mancomunidad es el principio básico que puede extraerse de la doctrina y de la Jurisprudencia del Tribunal Supremo. Así, por ejemplo, la STS de 7 de abril de 1983 más que desarrollar los artículos 1137 y 1138 del CC, efectúa una labor semicorrectora de los mismos. En este sentido pueden verse las STS de 2 de marzo de 1981 y de 11 de octubre de 1989.

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